lunes, 8 de abril de 2013

Dormir en tiempos revueltos


Qué niño pequeño tiene sueño cuando se va dormir. Incluso a la edad que ahora tenemos, a veces nos metemos en la cama y nos preguntamos ¿qué hago aquí, si aún no tengo sueño?

Pues yo, vuestra querida Mama, a casi las 23:00 horas, os explicaré los diversos porqués que se pueden presentar ante esta ocasión, tanto a menores como a mayores de edad:

  • Mis padres me mandaron acostar.
  • Porque la cama es muy blandita.
  • Porque mi padre dice que es el lugar más cercano a que pueda contar ovejitas.
  • Porque a esta hora es cuando la gente normal suele acostarse.
  • Porque me he propuesto hacer cosas mañana para tener un día productivo.
  • Porque acabo de volver de fiesta a hurtadillas y como mis padres vean que no estoy en la cama me van a matar.
  • Porque si no me acuesto ahora, mañana no me levantará ni Dios.
  • Porque quiero visitar a Freddy Krueger, y alguna noche tendré que conseguirlo. Seguro que es un cacho pan, y sino le mataré, como en los juegos de zombies.
  • Porque estaba persiguiendo un ratón que se escondió debajo de mi cama y, ante el entusiasmo de atraparlo, me golpeé la cabeza contra la pared y no recuerdo más.
  • Porque me han atado a ella. Dicen que estoy loca y estoy en un psiquiátrico. Yo no me creo nada. A ver si los enanos quieren ser mis amigos y me ayudan a salir de aquí sobre arboles voladores.
  • Porque me pesa tanto el pecho que, por inercia, he acabado tumbada sobre la cama. En el caso de los chicos, el culpable es el pene.

Nos encontramos ante una tradición. Nuestros padres pasaron por ello, nosotros también, nuestros hijos serán los siguientes, y así por los siglos de los siglos. Amén.

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